Joaquín Mouliaá

Nace en Madrid en 1944.
Estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, Madrid, España.


En el rigor y su contrario 

He seguido la trayectoria de Mouliaá desde sus comienzos porque ya en sus primeras obras me impresionaron ciertas características afines a su personalidad artística, que no ha perdido con el paso de los años y su lógica evolución.

Por lo pronto, me sorprendió en él la imposibilidad de clasificarlo, de encasillarlo en determinada tendencia, de encontrarle ciertas influencias específicas, como suele suceder en la mayor parte de los jóvenes pintores, pese a sus descaradas manifestaciones “en contra de todo”, incluso de lo que se están aprovechando.

Sin duda, en ese momento su obra no era mejor, cualitativamente, que la de otros artistas de su edad, pero, al contrario que en muchos de éstos, más inquietante, más rica en sugerencias. Así, me atrajo inmediatamente un camino emprendido sin necesidad de recurrir a teorías al uso ni declaraciones rimbombantes; porque lo que calificaba esta obra era la soledad, la mesura y la reflexión.

Sin embargo, es evidente que Mouliaá no pretende hacer una apología de la duda, sino todo lo contrario. Busca la afirmación de un absoluto, aunque, eso sí, propone diversos procedimientos para aproximarse a una plenitud, a la integración del ser.

José Ayllón.
Joaquín Mouliaá. Catálogo editado con motivo de la exposición de Joaquín Mouliaá en la XXXVI Bienal de Venecia de 1972.

“Mouliaá no es expresionista, ni constructivista, ni la síntesis tan característica de su generación. Su equilibrio encierra la tensión del más posible des desequilibrio. La calma antes de una tempestad, que quizás no existirá, la posibilidad de un desbordante tachismo que allí no está. Esta es la clave para comprender su trabajo; el equilibrio que no reprime sino evoca, la posibilidad de apasionamientos estéticos, la arquitectura espacial y metafísica, que parece encerrar una hipótesis gestual directa que no aparece en el lienzo. Este poder de atracción inaccesible, de evocar lo que no está, es, sin duda, uno de los pilares importantes de su trabajo…”
“…Allí, en sus grafismos apretados, en sus insectos, en sus estéticas y algunas veces mutables aves, sentimos a veces como si pudieran desencadenarse en el mayor descontrol estético. No es una pobra de pasiones domesticadas, si no de aceptaciones tensas, y a la vez, pacíficas, que encierran toda la fuerza comunicativa de aquello que uno siente ha sido elegido libremente y es autentico.”

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