Propiedad privada | 10 abril – 1 junio 2019

“… En Madrid no hemos tenido muchas oportunidades de ver el trabajo de Antoni Abad. La última muestra que se pudo ver en un espacio público fue en el 2014 en Matadero (se trató de megafone.net/2004-2014), mientras que la última vez que se mostró el trabajo en una galería privada hay que remontarse hasta el 2002 (en esa ocasión se presentó La última cena en Oliva Arauna). Aunque ocasionalmente se han visto algunas piezas en diferentes exposiciones colectivas. Por ello, podríamos considerar esta muestra como una suerte de acontecimiento, sobre todo al tratarse de un artista que desde la década de los ochenta ha tenido una sólida presencia en el panorama artístico nacional (con importantes y continuas muestras en el exterior), tanto en exposiciones individuales como en reconocidas citas internaciones. Por poner solo algunos ejemplos, habría que señalar que fue el único representante del Pabellón de Cataluña en la última Bienal de Venecia, así como destacar su participación en la muestra colectiva The Real Royal Trip, comisariada por Harald Szeemann, en el P.S.1 de Nueva York durante el otoño del 2003 y en la Bienal de Berlín del 2016. Pensamos que es necesario ofrecer esta información, precisamente en virtud de su escasa presencia en Madrid, con el fin de perfilar de manera más clara el lugar que este creador de complejas representaciones visuales ocupa en el panorama artístico nacional.

Propiedad privada es el nombre que el artista ha tenido a bien utilizar para esta muestra que agrupa los cuatro trabajos que presenta, pero que también es el título de una de las obras expuestas (nos referimos al mosaico o mural de fotografías de candados en las puertas de tiendas y talleres). Los títulos de las otras tres obras son: El séptimo cielo, una serie de imágenes en formato fotográfico de las numerosas verjas y enrejados que su autor ha contemplado (o sabido ver) en los tejados y aleros de Barcelona, su ciudad de residencia; la escultura El beso (dos moscas gigantes que se besan en un cómplice abrazo como si fueran una pareja de poderosos plutócratas), y por último Money Honey *Euro, una proyección en la que a partir de un programa informático el espectador contempla cómo una laboriosa colonia de cucarachas dibujan con sus cuerpos el símbolo del euro. A partir de esta prosaica y concisa descripción de las obras expuestas, entre irónicamente científica y voluntariosamente filológica, se podrá comprobar la eficacia y acierto del creador de las mismas al unirlas bajo el común enunciado de Propiedad privada.[1]

[1] Fragmento del texto del crítico de arte Luis Francisco Pérez, para el catálogo de la exposición Propiedad privada en la Galería Freijo.

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